La vida como la conocemos

28/07/2016

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Esta última semana he estado fuera de Madrid y he aprovechado a pensar en la vida como la conocemos hoy en día.

He vivido muchas experiencias distintas, de las cuales he aprendido cómo el cansancio puede ser provocado por las emociones fuertes, y cómo el cariño y la presencia pueden ayudar a consolar a seres queridos. Las emociones están siempre en nosotros, a veces las notamos más y a veces menos. Durante esta semana mis emociones han estado muy presentes, las sensaciones corporales me las iban demostrando y yo iba detectando cuales eran. Les pude poner nombre a la mayoría, a otras no.

Como en posts pasados menciono las emociones y los sentimientos, hoy los vuelvo a mencionar porque creo que nos ayudan a sobrevivir, actuar y últimamente he tenido la suerte de conocer que también nos ayudan a orar.

Te preguntarás ¿a orar? Sí, a orar, a poder rezar y pedir a Dios, al universo o a ese ser superior en el que muchas personas creemos. Desde la antigüedad las sociedades de distintas culturas tenían sus propios rituales para pedir a su Dios, a sus antepasados, a sus propias creencias. Gregg Branden estudia cómo estas culturas han orado a lo largo de los años. Logra encontrar una relación importante entre todas ellas, la cual se basa en el sentimiento, en el sentir la oración, ser conscientes de nuestro cuerpo cuando bendecimos o rezamos. Explica los resultados de vivir en la cultura occidental y de cómo las personas rezamos,  “cuando los libros en los que se conservaba la sabiduría de la emoción y el sentimiento desaparecieron de nuestras tradiciones nos quedamos solos para comprender lo mejor posible el sentimiento y la oración. Hoy, diecisiete siglos después, nos encontramos viviendo en una cultura que desecha los sentimientos, los niega o a veces simplemente los ignora por completo”.

La cultura actual no toma en cuenta los sentimientos. El capitalismo y el consumismo han creado en nosotros una especie de anestesia para que no sintamos nuestro cuerpo y así podamos conseguir todo objeto tecnológico y diseño que está a la última moda. Poder conseguirlo implica un incremento en el esfuerzo laboral. La competencia arruina todo, ya que tenemos que luchar por ser el mejor para sobresalir y poder obtener el mejor sueldo e ir creciendo en la empresa. ¿Todo esto vale la pena? La competencia laboral crea estrés y ansiedad en las personas, limita nuestro tiempo libre y de calidad con nuestra familia y amigos.

También afecta a nuestro cuerpo, sólo que no lo escuchamos hasta que revienta y nos ocurre algo grave. Nos va dando señales de que las cosas no van bien, nos dice, “para un segundo, lo necesitas”, pero no logramos escucharle. Hasta que un día explota y nos grita “¡para ya de una vez!. Vamos al médico y nos manda medicación para tratarlo, pero no nos enseña a escuchar lo que las emociones y sentimientos están creando dentro de nosotros.

Esta desconexión no sólo nos afecta personalmente, sino también afecta nuestras relaciones con los demás. Ya no sabemos estar PRESENTE con alguien. Tenemos la necesidad de sacar el teléfono y hablar con gente que no está, en lugar de disfrutar a la gente que sí esta. Decidimos jugar videojuegos que nos hacen recorrer la ciudad en lugar de ir a jugar con nuestros amigos.

¿Hace cuanto que no estás sentado en un restaurante solo sin mirar tu Smartphone? ¿Hace cuanto que no disfrutas la belleza de la naturaleza?

El otro día estuve en el paseo de una playa. Estuve observando a la gente que pasaba y me di cuenta que la mayoría de los chicos jóvenes caminaban con la vista fija en su teléfono a pesar de tener a su izquierda un atardecer increíble. No supieron gozar la imagen tan espectacular que la naturaleza les estaba regalando. Estaban aislados de la gente a su alrededor, se encontraban solos.

Las prioridades que nosotros pongamos en nuestra vida serán importantes para que podamos estar sanos y sepamos disfrutar de la vida.

¿Sabes disfrutar de tu tiempo en este mundo sin tecnología? ¿Puedes durar 24 horas sin tomar fotos/selfies con tu Smartphone? Si miras a tu teléfono más que a tu familia, para, es una señal. Reflexiona sobre, ¿cómo estas viviendo los días que pasan, te gusta lo que haces, gozas todos los días? ¿qué “banalidades” que ocurren en tu día crees que son bellos?

Prestar atención te irá ayudando a detectar lo que disfrutas y lo que no, empezar por eso tan sencillo te ayudará para ir comprendiendo tu interior. Al final lograrás ser consciente de tus sensaciones y emociones. Sabrás detectar los sentimientos y lidiar con ellos.

Céntrate sólo en ti. Por momentos olvídate de los demás y logra saber que necesitas y quieres. Las necesidades no son caprichos, no son necesidades superficiales como objetos, son necesidades personales y físicas. Es algo complicado. Hace unos meses con los jóvenes que vienen a sesión conmigo llegamos a la conclusión que… “si sabes lo que necesitas, sabrás que sientes, por lo tanto sabrás quién eres”.

No permitas que el caos de la vida laboral, la hostilidad de otras personas, el miedo al qué dirán, te limite de poder ser quién eres y disfrutarlo al máximo. La Madre Teresa de Calcuta lo dijo muy claro “no dejes que falsas metas de la vida (dinero, poder, placer, estudio) los convierta en esclavos y los hagan perder el auténtico sentido de la vida”.

Ese sentido lo decides tu.

Tu eres el capitán de tu barco, así que llévalo hacia donde quieras llegar y no hacia donde te lleve la corriente.

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